A parar los desmoches

Mucho se habla sobre las ventajas y desventajas de podar o no podar individuos arbóreos en las ciudades, generando completa confusión en los ciudadanos e inclusive en los organismos públicos a cargo de su gestión o administración, en el caso chileno, las municipalidades.

Como primer concepto general, es importante tener presente que el árbol, en su entorno natural, no requiere de la intervención del hombre para su buen crecimiento y desarrollo, de manera que resulta completamente innecesaria la poda por acción antrópica.

Estudios científicos recientes han descubierto que los árboles son seres vivos inteligentes, y como tales, tienen la capacidad de “autopodar” sus ramas con la finalidad de mantener en equilibrio sus órganos aéreos, o permitir mayor luminosidad para optimizar el proceso de fotosíntesis. Esta poda natural la realizan mediante la redistribución de nutrientes en sus ramas, dejando que algunas de ellas se sequen y caigan por la acción mecánica del viento o la carga física de animales que usan la copa de los árboles como hábitat.

Sin embargo, cuando un árbol ha sido plantado en un contexto urbano, sufre una serie de manipulaciones y presiones físicas durante todo su ciclo de vida por parte de los seres humanos, que pueden ser de forma directa, a través de la agresión o mutilación de sus ramas, fuste o raíces, y también de forma indirecta por medio de la contaminación atmosférica, la proyección de sombra de las edificaciones, o la pavimentación excesiva del suelo que impide al árbol alimentarse de agua, entre otros. Todas estas variables influyen en el desarrollo de un árbol en la ciudad, de manera que obliga a dedicarles un mayor grado de cuidado y atención.

Sin duda que la poda antrópica es una técnica que, siendo bien ejecutada y en base a criterios profesionales, ayuda a los árboles urbanos a tener un mejor pasar en la ciudad y al mismo tiempo permite reducir los riesgos que podría generar un árbol enfermo o debilitado en la ciudadanía. Sin embargo, en Chile, la gestión del arbolado urbano por parte de las Municipalidades y las Empresas eléctricas es deplorable, haciendo que nuestros árboles sean constantemente mutilados en base a variados tipos de podas antitécnicas que son ejecutadas por parte de estas instituciones.

Lo que no debemos hacer

En base a la experiencia empírica y a la bibliografía existente, podemos identificar al menos cinco tipos de podas antitécnicas que deberían ser prohibidas por ley en cualquier país:

Desmoche:

Se le llama desmoche al corte total e indiscriminado de ramas de un árbol, dejándolas a ras del tronco. Es la más común de las podas antitécnicas que se realizan en Chile y la que más daños le produce al árbol.

Generalmente, quienes desmochan los árboles, lo hacen para reducir al mínimo el tamaño del árbol con la finalidad de reducir riesgos. Sin embargo, este tipo de práctica no reduce el problema sino todo lo contrario, hace peligroso el árbol al largo plazo.

En primer lugar,  se debe tener siempre presente que los árboles son seres vivos que a través de sus hojas respiran y producen su alimento a través de la fotosíntesis, proceso a través del cual el árbol transforma la luz solar, el CO2 y el agua en azúcares de los cuales se alimenta, de manera que la eliminación total de ramas y hojas debilita fuertemente al árbol, pudiendo inclusive causar su muerte.

También es cierto que en varias especies esto no suele ocurrir, debido a que las reservas de energía del árbol activan un mecanismo de supervivencia consistente en la generación descontrolada de ramas y hojas para compensar el déficit de alimento. Sin embargo, aquellos árboles que fueron despojados de sus ramas estructurales, contarán con una cantidad excesiva de ramas débiles y de rápido crecimiento que brotarán directamente del tronco. Este tipo de ramas, que pueden llegar a crecer varios metros en menos de un año, son muy propensas a quebrarse, ocasionando inclusive mayores riesgos que un árbol sin podar.

Por otra parte, es importante precisar que todo corte de ramas constituye una herida que se le produce al árbol, exponiendo la albura y el duramen al ataque directo de insectos, hongos o enfermedades. Por tanto, mientras más se corten las ramas principales que nacen directamente del tronco, las pudriciones llegarán directamente al fuste.

Terciado:

El terciado consiste en eliminar todas las ramas secundarias del árbol y cortar las ramas principales dejándolas a un tercio de su longitud.

Al igual que lo que ocurre con el desmoche, el muñón que se le produce a la rama principal propiciará el desarrollo de ramas laterales que no brotarán de tejidos de madera, sino de las capas más superficiales de la rama madre. Por tanto, éstas serán ramas de rápido crecimiento y débilmente ancladas a la estructura del árbol, causando altas posibilidades de desganches y riesgos a la población. 

Cola de león:

Se llama de esta forma cuando se entresacan demasiadas ramas secundarias interiores, ocasionando el desplazamiento del peso foliar hacia los extremos de las ramas, con mayores riesgos de quiebre o desganches.

Por otra parte, este tipo de poda expone a las ramas a quemaduras de sol en el tejido de la corteza, debilitando la estructura y aumentando el riesgo de roturas de las ramas.

Sobre Aclareo:

El sobre aclareo consiste en la eliminación de una gran cantidad de ramas secundarias interiores, y aunque no se afecte el volumen o silueta de la copa, provoca una producción vigorosa de brotes, queda vulnerable a los daños por el viento, causa estrés y quemaduras por el sol.

Sobre Elevación:

La elevación de copas es una buena práctica de poda de los árboles urbanos, con la finalidad de eliminar las ramas bajas para que no tengan interferencia con el tránsito de personas o vehículos. En aceras, se recomienda podar las ramas ubicadas a una altura menor a 2,5 metros del suelo sobre las aceras, y a menos de 4 metros del suelo sobre las calzadas.

No obstante, cuando se realiza una elevación de copa que compromete a más del 50% de la altura total del árbol, se considera Sobre Elevación y es absolutamente desaconsejable, debido a que la fuerza del viento y el agua produce un efecto palanca y el árbol pierde estabilidad y aumenta el riesgo de caída.

Consecuencias de una mala poda

Una mala práctica de poda pueden acarrear consecuencias irreversibles en la salud del árbol: aumentan las probabilidades de desarrollo de pudriciones, debilitamiento de las ramas y fuste, pérdida del anclaje de las raíces, y con ello la reducción de su capacidad de mantenerse en pie al cabo de unos pocos años, especialmente en aquellos árboles jóvenes que por su rápido crecimiento producirán copas de gran peso sobre una estructura debilitada.

Tal como fue mencionado anteriormente, se debe tener presente que el corte de una rama significa una herida expuesta a agentes patógenos. Debido a las características biológicas del árbol éste no está capacitado para cicatrizar y curar como en el cuerpo animal, pero sí para recubrir mediante la formación de un tejido de cierre que se produce en el cambium, en la capa subcortical, impidiendo así el ingreso de hongos e insectos que provocan daños y enfermedades. Cabe señalar que en ramas menores a 10 centímetros de diámetro, el árbol es capaz de cerrar por completo su herida al cabo de algunos años, no así en ramas de mayores dimensiones. Por lo anterior, resulta improcedente permitir el corte de ramas principales o de mayor diámetro que puedan generar grandes heridas que el árbol no podrá sellar naturalmente.

Nuestra cruda realidad

En Chile, millones de árboles urbanos son brutalmente mutilados por la acción del hombre.

A la fecha, ningún Ministerio se ha hecho cargo de la problemática del arbolado urbano, y sólo un bajo número de comunas ha logrado un manejo profesional de su patrimonio arbóreo e infraestructura verde, demostrándose con ello una falta de interés y preocupación suficiente por parte de quienes ocupan cargos públicos en todas las escalas de planificación: nacional (parlamentarios, gobierno nacional), subnacional (gobiernos regionales, secretarías regionales ministeriales) y local (alcaldes, concejales, funcionarios municipales).

Por estos motivos, se busca que Chile cuente con una #LeydeArboladoUrbano en la cual se regulen las labores de poda, de manera de afectar lo mínimo posible la integridad de los árboles y al mismo tiempo contar con árboles sanos que permitan entregar la mayor cantidad de servicios al ecosistema urbano.

 

Bibliografía: