A parar los desmoches

Los árboles urbanos sufren una serie de agresiones físicas durante toda su vida en la ciudad. Al ser seres vivos que se desarrollan anclados al terreno -aunque no inmóviles- deben soportar todo tipo de daños.

No obstante, el mayor atentado contra el arbolado urbano proviene de parte de las empresas eléctricas y de las propias Municipalidades de Chile, quienes les realizan variados tipos de podas antitécnicas que son ejecutadas cada año y de forma sistemática por parte de estas instituciones:

Desmoche:

El desmoche es el más común de los tipos de poda antitécnicas que se realizan en las ciudades chilenas. Consiste en eliminar prácticamente todas las ramas de un árbol, dejándolas a ras del tronco.

Esta mala práctica reduce toda la integridad del árbol. Cabe señalar que los árboles son seres vivos que respiran mayoritariamente a través de sus hojas, de manera que la eliminación total de las ramas y hojas impide que el árbol se desarrolle a sus anchas, pudiendo inclusive causar la muerte del árbol.

Terciado:

El terciado, al igual que el desmoche, es un tipo de poda no recomendada. Se le llama a la acción de eliminar todas las ramas secundarias del árbol y cortar las ramas principales dejándolas a un tercio de su longitud.

Cola de león:

Se llama de esta forma cuando se entresacan demasiadas ramas secundarias interiores, desplazando el peso foliar hacia los extremos de las ramas, ocasionando quemaduras de sol en el tejido de la corteza, una estructura débil y finalmente la rotura de las ramas.

Sobre Aclareo:

El sobre aclareo consiste en la eliminación de una gran cantidad de ramas secundarias interiores, y aunque no se afecte el volumen o silueta de la copa, provoca una producción  vigorosa de brotes y queda vulnerable a los daños por el viento, estrés y quemaduras por el sol.

Sobre Elevación:

La elevación de copas es una buena práctica de poda de los árboles urbanos, con la finalidad de eliminar las ramas bajas para que no tengan interferencia con el tránsito de personas o vehículos. En aceras, se recomienda podar las ramas ubicadas a una altura menor a 2,5 metros del suelo sobre las aceras, y a menos de 4 metros del suelo sobre las calzadas.

No obstante, cuando se realiza una elevación de copa que compromete a más del 50% de la altura total del árbol, se considera Sobre Elevación y es absolutamente desaconsejable, debido a que la fuerza del viento y el agua produce un efecto palanca y el árbol pierde estabilidad y aumenta el riesgo de caída.

 

Consecuencias de una mala poda

Una mala práctica de poda pueden acarrear consecuencias irreversibles en la salud del árbol: aumentan las probabilidades de desarrollo de pudriciones, debilitamiento de las ramas y fuste, pérdida del anclaje de las raíces, y con ello la reducción de su capacidad de mantenerse en pie al cabo de unos pocos años, especialmente en aquellos árboles jóvenes que por su rápido crecimiento producirán copas de gran peso sobre una estructura debilitada.

También se debe tener presente que el corte de una rama significa una herida expuesta a agentes patógenos, y debido a las características biológicas del árbol éste no está capacitado para cicatrizar y curar como en el cuerpo animal, pero sí para recubrir mediante la formación de un tejido de cierre que se produce en el cambium, en la capa subcortical, impidiendo así el ingreso de hongos e insectos que provocan daños y enfermedades. Cabe señalar que en ramas menores a 10 centímetros de diámetro, el árbol es capaz de cerrar por completo su herida al cabo de algunos años, no así en ramas de mayores dimensiones. Por lo anterior, resulta improcedente permitir el corte de ramas principales o de mayor diámetro que puedan generar grandes heridas que el árbol no podrá sellar naturalmente.

Por otra parte, los desmoches o terciados que afectan las ramas principales producen luego rebrotes descontrolados o proliferación de ramas adventicias, y con ello la modificación de su forma natural, lo cual conlleva a posteriores desequilibrios en su estructura, al aumento de las posibilidades de muerte del árbol, y también de riesgo a los ciudadanos producto de su caída o de alguna de sus partes.

Nuestra cruda realidad

En Chile, millones de árboles urbanos son brutalmente mutilados por la acción del hombre.

A la fecha, ningún Ministerio se ha hecho cargo de la problemática del arbolado urbano, y sólo un bajo número de comunas ha logrado un manejo profesional de su patrimonio arbóreo e infraestructura verde, demostrándose con ello una falta de interés y preocupación suficiente por parte de quienes ocupan cargos públicos en todas las escalas de planificación: nacional (parlamentarios, gobierno nacional), subnacional (gobiernos regionales, secretarías regionales ministeriales) y local (alcaldes, concejales, funcionarios municipales).

Por estos motivos, se busca que Chile cuente con una #LeydeArboladoUrbano en la cual se regulen las labores de poda, de manera que afectar lo mínimo posible la integridad de los árboles.