Consideraciones previas para la correcta Poda del Arbolado Urbano

Antes de realizar cualquier poda a un árbol urbano, se deben al menos tener algunas consideraciones fundamentales que nos permitan comprender aspectos básicos de la biología de un árbol. A continuación repasamos algunas de ellas:

1. Los Árboles son seres vivos:

Como primer aspecto a considerar, se debe tener siempre presente que los árboles son seres vivos, y que a través de sus hojas respiran y producen su alimento gracias a un proceso llamado fotosíntesis, mediante el cual los árboles convierten la luz solar, el CO2 y el agua del aire en azúcares de los cuales se alimenta.

Por lo tanto, toda eliminación de ramas y hojas de la copa de un árbol impide que la planta produzca la energía necesaria para mantenerse vivo, debilitando el árbol y pudiendo inclusive causar su muerte.

2. El árbol en su estado natural “se poda solo”. Mientras que en la ciudad, requiere de un buen manejo de podas:

Un segundo punto a tener en cuenta es que los árboles, en su entorno natural, no requiere de la intervención del hombre para su buen desarrollo. No requieren ser plantados, formados, regados, fertilizados, ni tampoco podados por nosotros.

Los árboles son seres vivos inteligentes, y como tales, tienen la capacidad de “autopodar” sus ramas con la finalidad de mantener en equilibrio sus órganos aéreos, o permitir mayor luminosidad para optimizar el proceso de fotosíntesis. Esta “poda natural” la realizan mediante la redistribución de nutrientes en sus ramas, dejando que algunas de ellas se sequen y caigan por la acción mecánica del viento o la carga física de algún animal.

Sin embargo, cuando un árbol ha sido plantado en un contexto urbano, sufre por parte de los ciudadanos una serie de manipulaciones y presiones físicas durante todo su ciclo de vida, tales como agresiones o mutilación de sus ramas, fuste o raíces, y también por medio de la contaminación atmosférica, la proyección de sombra de las edificaciones, o la pavimentación excesiva del suelo que impide al árbol proveerse de agua, entre otros. Todas estas variables influyen negativamente en el desarrollo de un árbol en la ciudad, de manera que obliga a dedicarles un mayor grado de cuidado y atención.

Por todos estos motivos, los árboles urbanos deben ser muy bien gestionados, siendo una de estas acciones la poda antrópica que, ejecutada adecuadamente en base a criterios profesionales, contribuye a los árboles urbanos tengan un mejor pasar en la ciudad, al mismo tiempo de reducir los riesgos que podría generar un ejemplar enfermo o debilitado a la ciudadanía.

3. Las heridas de un Árbol no cicatrizan. Se “compartimentalizan”:

Un tercer aspecto que cualquier persona debe comprender, es que todo corte de una rama constituye una herida que se le produce al árbol, exponiendo la albura y el duramen al ataque directo de agentes patógenos como insectos, hongos y enfermedades, generando con ello la pudrición interna del árbol.

A diferencia de las heridas causadas en un cuerpo animal, los árboles no están capacitados para cicatrizar y sanar la parte afectada. Sin embargo, éstos reaccionan generando en la herida la formación de un tejido de cierre que ha sido denominado por los expertos como CODIT (Compartmentalization of Decay in Trees) o “Compartimentación de la podredumbre en los árboles”.

El CODIT consiste en que el árbol “encapsula” la herida atacada por hongos o insectos a través de una serie de paredes protectoras, y mediante cambios fìsico-químicos descomponen y pudren la materia vegetal afectada. De esta forma, la parte herida es primero podrida y al mismo tiempo “aislada” dentro del árbol.

Comprender este proceso previo a la poda de cualquier árbol es de real importancia, ya que nos permite entender que mientras más cortes se le produzca a un ejemplar, más podrido quedará en su interior.

Por otra parte, se debe tener en consideración que el cierre de la herida de un árbol no es un proceso rápido, sino que tarda años. Por ejemplo, en ramas de más o menos 5 centímetros de diámetro, el árbol es capaz de cerrar por completo su herida al cabo de 3 a 5 años, de manera que durante todo ese tiempo el árbol queda expuesto a agentes patógenos. Mientras que en heridas de gran diámetro (mayores a 10 cm.), el árbol no podrá sellar su herida jamás, exponiendo al árbol a un alto riesgo de muerte.

Finalmente, conviene señalar que hay estudios científicos que han comprobado que el proceso de compartimentación de una herida es más rápido y eficaz en ejemplares jóvenes, en ramas de menor diámetro, y cuando el corte se ha producido en el lugar correcto de la rama.