¿Pueden los árboles y las áreas verdes urbanas ser un aliado para combatir el virus COVID-19?

Todo parece indicar que si…

En un artículo publicado el pasado 19 de marzo en el medio The Verge, especialistas indican que la contaminación atmosférica podría empeorar la pandemia de COVID-19 y afectar gravemente a la población de aquellas ciudades del mundo con peor calidad del aire.

El virus COVID-19 (Coronavirus) es una enfermedad que afecta principalmente los pulmones, de modo que las personas que viven en lugares con mucha más contaminación del aire, generalmente ciudades altamente densificadas o con fuerte presencia de la actividad industrial, podrían ser más vulnerables.

Los casos graves de Coronavirus pueden provocar neumonía, y con ello la muerte. La enfermedad es más mortal en las personas mayores y en aquellos con afecciones de salud preexistentes que dificultan la respiración o la lucha contra la infección. Incluso sin una pandemia, vivir en lugares con contaminación del aire se ha relacionado con tasas más altas de enfermedad pulmonar como asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) en las poblaciones. Los altos niveles de contaminación del aire también se han relacionado con un mayor número de personas hospitalizadas con neumonía.

En efecto, un estudio publicado en BMC (BiomedCentral) demostró que durante los brotes de SARS de 2003, causados ​​por otro coronavirus, los pacientes de lugares con más contaminación del aire tenían el doble de probabilidades de morir de SARS en comparación con aquellos que vivían en lugares con el aire más limpio.

Si bien aún no hay datos sobre cómo la contaminación del aire está afectando en la propagación del COVID-19, expertos advierten que en los puntos críticos a nivel internacional (Wuhan, el norte de Italia y Corea del Sur) los niveles de contaminación son muy altos.

¿Qué pasará entonces con la propagación del COVID-19 en Chile, en aquellas ciudades grandes y con altos niveles de contaminación como Valparaíso, Gran Santiago, Rancagua, Chillán, Los Angeles, Gran Concepción, Temuco, y las denominadas zonas de sacrificio?

Ana Navas-Acien, médico-epidemióloga de la Universidad de Columbia, plantea la hipótesis razonable de que “las personas o comunidades que viven con niveles más altos de contaminación del aire también podrían estar en mayor riesgo de desarrollar una infección más grave”.

En contrapartida, varios estudios han demostrado que el arbolado urbano y las áreas verdes públicas mejoran de manera considerable la calidad del aire en zonas urbanas, debido a su capacidad de aportar con Oxígeno respirable, abatir el material particulado del aire y absorber Dióxido de Carbono (CO2). El problema está en que la dotación de verde en ciudades demanda tiempo, tiempo que hoy no tenemos para afrontar la pandemia, lo que lamentablemente hará que el virus afecte más a la población vulnerable de unas comunas más que en otras, y en este caso la falta de #infraestructuraverde estaría jugando en desventaja en esta batalla de salud pública.

Cuidar los árboles públicos existentes y mantener sus copas libre de podas hasta la caída natural de sus hojas, puede ser -quizás- un camino que ayude a salvar más de una vida.